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El siglo XVIII, Francia

"La fontaine de Minerve à Rome", Hubert Robert, 1772
"La fontaine de Minerve à Rome", Hubert Robert, 1772

La gran galería bajo vidriera de la 2a planta está enteramente dedicada a la pintura francesa del siglo XVIII, punto fuerte de las colecciones del museo, presentada de manera a la vez cronológica y temática.

El reino de Luis XV (1723-1774)

Es el siglo de las Luces, donde se expresa una profusión artística e intelectual. La pintura de historia, considerada austera, tiende a dejar sitio a una pintura más ligera, donde el color ha suplantado al dibujo y donde la mitología permite la expresión de la sensualidad. Ésta queda bien representada por Fragonard, con varios cuadros, Céfalo y Procris, Júpiter y Calisto, y por Jean-François de Troy, David y Betsabé. Boucher y Hallé donan grandes composiciones pintadas para Madame de Pompadour, Reunión de las Artes y Reunión de las Ciencias.

El tema de las Fiestas galantes, género aparecido en el siglo XVIII, que pone en escena un tema amoroso en una atmósfera campestre o festiva, lo encarna Antoine Watteau en La declaración esperada, La Persecución y La Sorpresa de Fragonard, así como sus seguidores Lancret, Banquete de la boda y Baile de la boda, Pater, El Baile campestre, Las bañistas o Lajoüe.

La naturaleza muerta, «la vida silenciosa en el siglo XVIII», aunque considerada todavía como un género menor, encuentra en Jean-Baptiste Chardin un maestro indiscutible. Sus tres pequeños cuadros, Melocotones y ciruelas, Cesta de uvas con tres manzanas api, una pera y dos mazapanes y Frutas, botella y bote de loza son su perfecta encarnación.

El reino de Luis XVI (1774-1792),

Bajo el reino de Luis XVI, la vuelta a la Antigüedad, aparece, en reacción al estilo «rocaille» de la primera mitad del siglo, un nuevo estilo: el neoclasicismo.
El descubrimiento de las ruinas de Pompeya en 1748 suscita un verdadero entusiasmo por la Antigüedad, que permite a los artistas inspirarse del repertorio antiguo a través de la arquitectura, la escultura y los temas históricos. Fácilmente teatrales, las grandes composiciones debidas a Ménageot, Cleopatra rindiendo un último homenaje a la tumba de Marco Antonio, Berthélémy, Vien o Vincent, El combate de los romanos y los sabinos interrumpido por las mujeres sabinas, exaltan las virtudes y celebran el «hermoso ideal».
La escultura no se queda atrás con, entre otros bustos, el Retrato «a la antigua» de Voltaire por Jean-François Houdon.

Un gabinete de aficionado, al final de la galería, rinde homenaje al coleccionista angevino del siglo XVIII Louis-Eveillard de Livois (1736-1790), cuya hermosa colección de pinturas de los siglos XVII y XVIII constituye el núcleo del museo. Como él, los coleccionistas de esta época que compraban las obras de sus contemporáneos, permitieron a menudo la creación de los primeros museos durante o después de la Revolución. La colocación de las obras, aquí más densa, corresponde a la inclinación de estos aficionados de arte deseosos de gozar de sus colecciones. Junto a los temas mitológicos (Théaulon, Ofrenda al amor; Lucas, Fragonard, La ninfa Io y Júpiter) y paisajes de ruinas (Hubert Robert, La fuente de Minerva en Roma; Barbault, Ruinas con la pirámide de Sexto, Le Barbier) apreciados por Livois, se encuentran algunos retratos, entre ellos un cuadro de Greuze, Presunto retrato de Madame de Porcin.

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