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Las colecciones : Museo Lurat y de la tapicería contemporánea

"El canto del mundo" de Jean Lurçat

Manifiesto de un artista comprometido, este conjunto de diez tapices constituye una visión épica, poética, simbólica y humanista del siglo XX.

El Canto del mundo de Jean Lurçat se expone en la gran sala de los enfermos del hospital San Juan, desde 1968. Vino a sustituir las colecciones del museo arqueológico, presentado en este espacio desde 1874.

Esta serie de diez tapices monumentales (347 m²) es un homenaje al tapiz del Apocalipsis medieval, presentado en el castillo de Angers. Jean Lurçat (1892-1966) descubrió esta obra maestra en 1937 y este «encuentro» tuvo una influencia decisiva en su actividad artística. Fue a partir de 1957 cuando el pintor cartonero hizo tejer en Aubusson las diez piezas de su Canto del mundo. Grandiosa sinfonía textil sobre el destino humano, el tapiz que parte del apocalipsis nuclear de Hiroshima pasando por la conquista del espacio y "Champagne", quiere expresar la victoria final del hombre, que vive en armonía con el mundo de los elementos. El artista habría deseado proseguir su canto, interrumpido a su muerte en 1966.

El Canto del mundo comentado por Jean Lurçat

Cita n°1

«Todo se mezcla, se entrecruza, todo está tejido, trenzado en esta larga aventura. No se sorprenda pues de encontrar hiel y miel. No es un lamento, y menos un romance. Pero terminada, esta obra cuyo futuro dirá si fue válida o inútil, no habrá mirado la vida de forma oblicua o fúnebre.

¡Todo lo contrario!

El primer título de este Canto del mundo era La alegría de vivir. No tardé en convencerme de que la vida, para aquel que intenta vivir íntegro, es algo dulce y salado, suave y amargo, convulsivo y sereno».

Cita n°2, La conquista del espacio

«Esta vez, a partir de la tierra, el hombre se alza a través del espacio sideral. Es el problema del mundo futuro. Lo que anima, en este ámbito, no es la curiosidad. Me interesan las cosas de la tierra, pero para nada los planetas lejanos. Me parece fuera de las posibilidades de mi imaginación representarme la vida en la Luna y las voluptuosidades que ello podría procurarme, porque sí, es una certeza: no iré…».

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